De fina arena blanca o de piedra desuna, rodeada de pinares o al pie de farallones calizos, recóndita y solitaria o accesible y animada. Con 334 kilómetros de litoral, un paisaje y un Mediterráneo de aguas cristalinas, seguro de la mayor de las Baleares esconde tu cala ideal. Los recorremos en busca de las ocho mejores.

Por RODRIGO PADILLA

El agua de lluvia la disuelve, abre grietas y se escurre por ellas. Labra cuevas y galerías, talla profundos cañones, arrastra finas partículas por ramblas y escorrentías, perfila el paisaje. Si el agua es la herramienta y la roca caliza el material, el escultor no es otro que el tiempo. En este caso, unos 25 millones de años, los que han pasado desde que el fondo de un mar que todavía no era el Mediterráneo se alzara y surgiesen esos dos pliegues calizos hoy llamados sierra de Tramuntana y sierra de Llevant, que corren paralelos en los extremos de la isla. El resultado de la paciente labor de cincel del agua se nos ofrece ahora en forma de farallones, barrancos y un litoral de acantilados vertiginosos en el noroeste y mucho más modestos en el sureste. Y perlado de cuevas, oquedades, arcos y ensenadas, algunas de guijarros, otras de piedra y, en aquellas donde desemboca alguna rambla, cubiertas por un pequeño pero suntuoso manto de arena blanca. Para los amantes de las calas, no hay lugar mejor que Mallorca. 

Es imposible citarlas todas. Incluso una selección de las mejores se antoja tarea complicada. Por eso, hemos elegido unas pocas distribuidas a lo largo de un itinerario circular con principio en Palma. Una vuelta a la isla en el sentido de las agujas del reloj pero sin mirar nunca la hora, con las gafas de buceo siempre en el maletero y dispuestos a caminar un rato si hace falta y a creer a nuestros ojos, porque algunos rincones no parecen de verdad.

El recorrido empieza a lo grande, directo hacia el norte, atravesando la abrupta sierra de Tramuntana hasta llegar a nuestro primer destino: Sa Calobra y Torrent de Pareis, premio doble al final de 14 kilómetros de curvas imposibles y vistas espectaculares. La primera es una cala al pie de los acantilados, desde la que se accede a la segunda, que resulta ser la puerta de un enorme circo de roca solo roto por un torrente que corre en busca del mar.


Ocho calas para perderse en Mallorca 3

Gracias a 25 millones de años de paciente acción del agua, Mallorca ofrece ofrece hoy un catálogo excepcional de farallones, barrancos y acantilados, y un litoral  perlado de cuevas, oquedades, ensenada y playas de postal. Para los amantes de las calas, no hay mejor lugar que este.


 

La siguiente etapa nos lleva hacia el cabo de Formentor, donde los peñascos calizos se adentran en el mar dibujando un perfil de hoja de sierra. Sus muchos dientes ocultan pequeñas calitas de piedra, de complicado acceso en medio de un paisaje agreste y solitario. Una de ellas es cala Figuera, donde el contraste de colores entre el mar y las paredes de roca se disfruta casi tanto como el silencio. Y más teniendo en cuenta que al otro lado de las crestas se encuentran las populosas bahías de Pollença y Alcúdia, que dejamos atrás para dirigirnos a la península de Artá, en el extremo noreste. Allí volvemos a encontrar un relieve accidentado, una naturaleza más presente y dos calas muy distintas aunque solo estén separadas por unas decenas de metros. La primera es cala Agulla, rodeada de pinares espléndidos y con una arena finísima. Pasada una punta de roca se esconde cala Moltó, pequeña y áspera, pero con un fondo de arena y un agua tan límpida que hacen de ella la mejor piscina del mundo.

Nos encaminamos ahora hacia la costa este de la isla, que se asoma al mar desde unas alturas más humildes. En esencia, se trata de una larga pared rocosa en la que se suceden las hendiduras abiertas por las torrenteras, las mayores aprovechadas por puertos y urbanizaciones y otras, como cala Varqués, rodeadas solo de monte, y tan bonita esta última que atrae a multitud de visitantes a pesar de que hay que caminar cuatro kilómetros antes de poder pisar su arena blanca. Más hacia el sur, en pleno Parque Natural de Mondragó, la costa traza una serie de recovecos que esconden calas y caletas de aguas tranquilas, rodeadas de verde pero con todos los servicios, por lo que también están bastante concurridas.

La última parada la hacemos en cala Llombards, casi en la punta sur de la isla, donde se abre una cuña blanca encajonada al fondo de un entrante de mar. Desde aquí sale un sendero que, al límite de los acantilados, lleva hasta el caló des Moro. Este broche final es un compendio en miniatura de la galería de tesoros que es el litoral mallorquín: olor a monte, aguas cristalinas y paleta de turquesas como adorno de un zócalo calizo que las fuerzas tectónicas levantaron en el Mediterráneo hace millones de años y que el tiempo y el agua han sabido labrar con precisa maestría.


Ocho calas imprescindibles de Mallorca

Sa Calibra y Torrent de Pareis
Situadas al noroeste, estas dos calas contiguas duermen a la sombra del Puig Major, el techo de la isla. La carretera es tan sinuosa que muchos prefieren llegar en barco desde Sóller. Ocho calas para perderse en Mallorca 7

Cabo Formentor
La sierra de Tramuntana se adentra en el mar como una cuña, dejando una sucesión de calas rocosas entre acantilados, como esta, la agreste cala Figuera. Ocho calas para perderse en Mallorca 5

Cala Agulla
Muy cerca de Capdepera y rodeada de pinares, es una de las calas más concurridas de la isla debido a su fina arena blanca. Ocho calas para perderse en Mallorca 4

Cala Moltó
A solo unos metros de cala Agulla se encuentra este lugar prácticamente virgen y poco conocido, lo que permite disfrutar en calma de un mar como un espejo. Ocho calas para perderse en Mallorca

Cala Varques
Recorrer el litoral en barco y adentrarse a placer en las sucesivas calas es la manera más recomendable de llegar a lugares tan apartados y soberbios como este.Ocho calas para perderse en Mallorca 1

Parque Natural Mondragó
Bosques de acebuche y pinar, sabinas y humedales frecuentados por infinidad de aves conforman un entorno excepcional para calas como la de S’Amarador.Ocho calas para perderse en Mallorca 2

Caló des Moro
Situada a poca distancia de la anterior y con un agua igual de cristalina, es tan pequeña que no tarda en llenarse de gente aunque el acceso no resulte sencillo.Ocho calas para perderse en Mallorca 9

Cala Llombards
Cerca de Santanyí, en el sureste de la isla, cuenta con un fondo profundo y arenoso que la convierte en el lugar perfecto para zambullirse desde las rocas.  Ocho calas para perderse en Mallorca 8